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El futuro de la socialdemocracia europea

6 de Noviembre de 2021

Tras el triunfo del SPD en Alemania, el centroizquierda gobierna en ocho países de la UE, pero habrá que esperar a su relación con la OTAN y la política económica del BCE entre otros para comprobar si la reforma será efectiva o tan sólo cosmética.

El pasado 26 de septiembre el Partido Socialdemócrata alemán, SPD, salió primero en la elección para el Bundestag de Alemania, principal potencia europea y tercera economía mundial. Esta victoria se sumó a los recientes triunfos de esa corriente reformista en los países escandinavos. Parece ser que invocando meramente al espíritu de la reforma, la UE sanará sus males coyunturales y las diferencias estructurales entre sus países miembros. Sin embargo, para saber si las reformas prometidas modificarán realmente las reglas de juego o será simplemente un maquillaje, habrá que ver qué sucede con la colaboración con la OTAN, la política financiera, fiscal y monetaria común del Banco Central Europeo (BCE), la política energética con vistas a la Agenda 2030 y los objetivos de Desarrollo Sostenible, o la política migratoria seguida.

El SPD, los Verdes y el Partido Demócrata Liberal (FDP) acordaron el marco general para comenzar las negociaciones formales para formar una coalición del nuevo gobierno. En clave doméstica, la reforma ecológica de la economía, el relanzamiento del crecimiento económico y la corrección de la creciente desigualdad social y regional constituyen los puntos centrales sobre los cuales deberán alcanzar acuerdos. Hacia la UE tendrán que definir cuánto pretenden flexibilizar el Pacto Europeo de Estabilidad y Crecimiento, cómo pretenden reformular la caótica política europea de migración y refugio, qué posición adoptarán sobre la alianza con EE.UU y especialmente el papel de la UE en sus lazos con la economía mundial globalizada.

En el plano de la gobernanza europea el apoyo a la flexibilización del Pacto de Estabilidad y Crecimiento que ahoga al continente chocará de frente con sus correligionarios nórdicos. Tras las elecciones de Noruega a principios de septiembre, Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia e Islandia tienen todos gobiernos de centro-izquierda por primera vez en más de 60 años, sin embargo implementan políticas financieras y monetarias ortodoxas. Por ejemplo, Dinamarca ha relanzado el grupo conocido como los "Cuatro frugales" con Austria, Países Bajos y Suecia (y parcialmente Finlandia) para impedir que la UE emita deuda conjunta para apoyar su fondo de recuperación de 750.000 millones de euros. Este grupo acabó cediendo, pero sólo después de que Francia y
Alemania hicieran importantes concesiones.

Respecto a las bases de la OTAN en territorio europeo y su dependencia militar, los países nórdicos tampoco apoyan la creación de un ejército europeo, las diferencias son palpables, Dinamarca seguirá absteniéndose de participar en cualquier iniciativa de defensa de la UE. Suecia, por su vez, defiende su proclamada neutralidad, en tanto que Noruega es firmemente atlantista. Mientras que los principales partidos alemanes coinciden con la propuesta de la Comisión Europea, para reubicar a cuotas de refugiados dentro de la UE, otros gobiernos socialdemócratas insisten en devolverlos al primer país de ingreso en el bloque europeo.

Queda pendiente la subordinación de la UE a los dictados de la política exterior estadounidense en materias como el bloqueo económico a Cuba y el acoso constante a Venezuela centrado en la figura de Josep Borrell, el Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad desde 2019. Mientras tanto la OTAN sigue siendo un instrumento al servicio de las políticas económicas y el hegemonismo estadounidense que pone palos en la rueda a los vínculos geoestratégicos y económicos de mutua colaboración de la UE con China y Rusia en un mundo multipolar a través de la expansión de la Ruta de la Seda, el proyecto finalizado del gasoducto ruso-alemán Nord Stream 2 por el mar Báltico (la UE importa el 66% del gas que consume) o el boicot activo contra la vacuna Sputnik para el tránsito intracomunitario. La UE no puede dejar de lado sus compromisos con China en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta así como en la dinámica de la cooperación estratégica integral que tienen. No hay que olvidar que el CAI (Comprehensive Agreement Investment) o Tratado China-UE expresa los vínculos comerciales y de inversión entre la UE y China, ambos son mercados estratégicos el uno para el otro, negociando una media de más de mil millones de euros al día en el comercio bilateral, siendo la UE el principal socio comercial de China. En la medida que la UE resuelva su independencia respecto a EEUU, esta ola socialdemócrata de los países del Norte europeo será simplemente agua de borrajas para el futuro.

 

Juan López Páez
S. político Núcleo Argentina
PCE Exterior

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