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EL Coronavirus. Consecuencias sanitarias y políticas

22 de Diciembre de 2021

Desde el principio de la pandemia de SARS-CoV-2 a fines de 2019, la misma se ha extendido a todo el mundo, ocasionando 5,3 millones de muertos oficialmente registrados1 . Sin embargo, la cantidad de muertos en exceso por sobre el promedio de años anteriores ya se estima en alrededor de 18 millones2,  reflejando probablemente una combinación de sub-reportaje de casos, más muertos de otras causas como consecuencia del colapso sanitario en sistemas de salud con recursos materiales y humanos agotados por la pandemia.

Dicha mortandad de trabajadores ocasionó la caída en expectativa de vida más grande desde la Segunda Guerra Mundial3. Por lo tanto, el devastador efecto que la pandemia ha tenido sobre los trabajadores de todo el mundo, no puede subestimarse.

Las respuestas a la pandemia han sido variadas alrededor del mundo; la mayoría de los gobiernos fueron sobrepasados por el desafío que el virus impuso, con la más notable excepción siendo la República Popular China. El coloso socialista pudo controlar sin vacunas la pandemia hacia Abril de 2020. Hoy ha vacunado al 80% de su población y ha vendido miles de millones de dosis a otros países. En Cuba, cinco vacunas de fabricación nacional han permitido pasar lo peor de la pandemia. En ambos Estados, las intervenciones no-farmacológicas han sido amplias: extendido uso de barbijos incluso en espacios abiertos, cuarentenas localizadas, trazabilidad de contactos, internación de pacientes y, en el caso de la más desarrollada China, testeos masivos por PCR de ciudades enteras, construcción de hospitales en cuestión de días, robots asistentes y telemedicina, etc.

En Argentina, el gobierno resistió durante algún tiempo las presiones aperturistas de la derecha, cosa que le permitió ganar tiempo en 2020; luego, la exitosa negociación de compra de vacunas a Rusia y China permitió vacunar al personal médico y los mayores a principios de 2021. La poco aconsejable apertura de clases presenciales sin la población vacunada, determinó un pico severo de casos y muertes a mediados de 2021, lo cual sumado a la poco efectiva política epidemiológica determinó que tengamos un acumulado de más de 116 mil muertos en lo que va de la pandemia. La llegada masiva de vacunas de producción en parte local y extranjera, permitió llevar tranquilidad a la situación epidemiológica, que alcanzó un mínimo de casos hacia octubre.

                Sin embargo, se notan graves errores comunicacionales y una política totalmente insuficiente de abordaje a la pandemia, basada casi exclusivamente en la vacunación. Eventos masivos siguen su curso, a pesar de que son conocidas situaciones de sobredispersión. De manera central, se falla en comunicar a la población que la vía de transmisión principal de SARS-CoV-2, como de otras enfermedades respiratorias, es la AEROTRANSPORTADA4 : es decir, el sólo hecho de respirar, produce una exhalación de aerosoles de menos de 10 millonésimas partes de metro de diámetro, potencialmente infecciosas. La famosa regla de los 2 metros de distancia sólo frena la parte más gruesa de las gotas infecciosas, sin mucho efecto sobre los aerosoles más pequeños, que quedan suspendidos en el aire durante horas en ambientes cerrados, como sucede con el humo de cigarrillo.

Los argumentos científicos confirmados por evidencia reciente5  indican claramente que el mecanismo AEROTRANSPORTADO de transmisión es fundamental para SARS-CoV-2, y el único que puede explicar los eventos de super dispersión observados en espacios cerrados.

Si bien las vacunas previenen en gran medida hospitalización y muerte, no está claro aún si poseen un gran efecto preventivo sobre el Covid-largo6, una condición que puede afectar entre 10-15% de pacientes a entre 6-12 meses luego de “recuperados” de Covid y que incluye daños en sistemas diversos: renal, respiratorio, neurológico y un largo y preocupante etc. 7

La variante de preocupación Omicron, recientemente descubierta, no hace más que agravar el panorama: aunque su caracterización aún está en sus comienzos, el gran número de mutaciones que porta y su elevada contagiosidad (que puede estar entre 4-8 veces más alta de la ya contagiosísima cepa Delta, a la cual está desplazando de EE.UU. y Europa a pasos agigantados8, plantea el sombrío escenario de escape parcial a la inmunidad por vacunas o infección previa, más una transmisibilidad aún mayor.

La veloz aceleración en el aumento de casos en Argentina en las últimas semanas9  demuestra que un enfoque de salida de la pandemia centrada casi exclusivamente en la vacunación, está condenada al fracaso y a más sufrimiento al ya vapuleado pueblo argentino. La misma consecuencia se está observando en EE.UU. y Europa; es una clara advertencia del fracaso que espera a los países que sigan una estrategia de protección casi exclusivamente basada en vacunación.

La aceptación de que SARS-CoV-2 ES AEROTRANSPORTADO tiene enormes implicancias sanitarias y políticas: no se puede seguir apelando a la responsabilidad individual (vacunarse, ponerse cualquier tapaboca por ineficaz que sea, mantener distancia), medidas que son necesarias pero ABSOLUTAMENTE INSUFICIENTES para detener la dispersión de variantes de altísima transmisibilidad como la Delta y ahora, la Omicron. El gobierno y las empresas son responsables de:

  1. Asegurar una adecuada ventilación de todos los lugares de trabajo, midiendo la tasa de recambio de aire o asegurando los niveles de CO2 por debajo de niveles sanitarios aceptables en tiempo de pandemia.
  2. Garantizar la colocación de filtros de aire en lugares como sótanos, lugares de frío extremo, etc., en los cuales la ventilación sea imposible. Aunque sea con la fabricación de purificadores de aire “caseros” del estilo Corsi-Rosenthal.10
  3. Dar a los trabajadores barbijos de calidad KN95/FFP2/N95 o similar, siempre con clip nasal, que aseguren una filtración aceptable del aire para el entorno laboral y el transporte público, que se realiza en condiciones de ausencia total de distancia y muchas veces, una ventilación totalmente inadecuada. El uso de barbijos FFP2 se ha visto que reduce casi 100 veces la probabilidad de contagio versus máscaras quirúrgicas11 y un estudio en Corea del Sur demostró que el uso de barbijos de calidad en el transporte público reduce cerca del 95% los contagios12; Alemania ya está implementando el uso de FFP2 en transporte público13. Pero, muchos argentinos ni siquiera acceden a más que unos tapabocas de tela de bajo nivel de protección.
  4. Urgentemente, promover la capacitación de los especialistas en Higiene y Seguridad para que puedan ayudar de inmediato a adoptar las mejores prácticas.
  5. El mensaje público debe clarificarse y ser contundente, masivo y reflejar la urgencia real sin eufemismos: las vacunas no son la bala mágica que nos permitirá salir de esta pandemia; son una capa más de protección de una aproximación que deberá ser integral, y en la cual EL RECONOCIMIENTO DE LA NATURALEZA AEROTRANSPORTADA de la transmisión y las consecuentes adecuadas respuestas DEL ESTADO Y DE LAS EMPRESAS, deberán jugar un rol determinante.

Instamos al gobierno y al pueblo argentinos a tomar conciencia acerca de la gravedad de la situación, del carácter multi-capa de las protecciones que se necesitan, y de la naturaleza urgente con la cual se necesita actuar para evitar acciones desesperadas cuando la situación se sale fuera de control.

La salida de la pandemia será colectiva, o no será.

 

Carlos Manacorda, Dr. en Biología Molecular.
Juan López Páez, Lic. Ciencias Biológicas.

 

 


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